En esta pieza, el artista utiliza una técnica de empaste digital que emula la vibración de la luz sobre el agua en calma. La composición se centra en la quietud de las embarcaciones, que actúan como símbolos de humanidad integrados en un entorno natural restaurado. El cielo, cargado de matices cálidos y nubes pesadas, sugiere el fin de una tormenta reciente, dejando paso a una iluminación dorada que unifica la montaña exuberante con el espejo marino. La pincelada es audaz, casi táctil, transformando la superficie del mar en un mosaico de reflejos celestes y cobrizos. Es una obra que invita a la contemplación del silencio y a la seguridad del puerto tras la travesía. La transición cromática entre el verde profundo del follaje y el turquesa del agua crea un equilibrio visual que refuerza la narrativa de una naturaleza generosa y protectora, capturando un instante de paz absoluta y renovación espiritual.
Medidas: 80x60 cms
Año: 2025

