Esta obra es un estudio profundo sobre la simbiosis entre la arquitectura vernácula y la naturaleza protectora. El sauce llorón, con sus ramas lánguidas y cargadas de textura, enmarca una vivienda tradicional de teja de barro, típica de la zona rural andina. La técnica del impresionismo digital acentúa la calidez de la luz solar filtrándose entre las hojas, creando una atmósfera de nostalgia y protección. La composición invita al espectador a un espacio de silencio, donde el tiempo parece haberse detenido. Los verdes vibrantes contrastan con los tonos terracota del techo, logrando una armonía cromática que celebra la identidad del campo colombiano. Es una pieza que transforma la realidad fotográfica en una experiencia sensorial cercana a la pintura al óleo del siglo XIX.
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